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Publikaciones, Proyektos18/4/06 21:21
portada

Por fin alguien se ha vuelto loko y va a editar un album de KALVELLIDO!!! Tamaño del album: 24 x 22 centímetros. De 96 páginas interiores, impresas a color en papel kouché mate de 125 gr, con 294 dibujos-viñetas!!! ( prólogo DE VAZKEZ DE SOLA, epílogo MANUEL TALENS, kolaboraciones de : AZAGRA, PATXI IRURZUN,JULIÁN SÁNCHEZ, VICENTE MUÑOZ, CARLOS TENA, INSURGENTE.ORG, REBELIÓN.ORG, HUAN PORRAH, KAMY, KARMADICE,EL VIEJO TOPO..etc.).

Portada y kontraportada impresas a kolor en kartulina de 300 gr.

Título del album :”SALUD Y NI UN PASO ATRÁS!!
Se venderá a un precio de 15 euros.
Editado por Tiempo de Cerezas Ediciones .
(Si lo pedís para ke se os envie por korreo hay ke
inkrementar los gastos del kontrareembolso).

Para kualkier konsulta:
tiempodecerezas.ediciones@gmail.com
jkalvellido@wanadoo.es

Entrevistas 7:55
Bolivia

ALVARO GARCIA LINERA, VICEPRESIDENTE DE BOLIVIA

Matemático, viajero, sociólogo autodidacta, con 44 años de edad tiene cinco encima de prisión, varios libros publicados y una vida de búsqueda intelectual. En ese camino exploró “obsesivamente” la idea de Marx de los pueblos “sin historia” y llegó a conclusiones que lo unieron a Evo Morales.

Por Franklin Ramírez y Pablo Stefanoni
Desde La Paz

–¿Cómo fue su trayectoria intelectual?

–Soy una persona que vivió la adolescencia en un período de gran inestabilidad política: elecciones, golpes de Estado, elecciones, más golpes de Estado, en un ambiente cargado de movilizaciones, de proyectos, de debates, de utopías. Estoy hablando de fines de los años ’70 y creo que eso influye en un tipo de acercamiento personal a la política y a las ciencias sociales. En 1979, a los 17 años, viví el primer gran bloqueo indígena de la historia moderna de Bolivia. Era difícil de entender lo que estaba pasando y en ese ambiente busqué la ayuda de las ciencias sociales, de la sociología, de la economía, pero más como autodidacta. Sin embargo, me sentía distante de las organizaciones partidarias, tenía un abordaje un poco intelectualizado de la política. Había comenzado a estudiar matemática porque creía que las ciencias sociales podía aprenderlas solo, y decido continuar mis estudios en México. El contexto centroamericano influye mucho en mi percepción de la política, especialmente la guerrilla salvadoreña, y politizo mis lecturas. Paso de una orientación más filosófica y abstracta del capital, de la dialéctica de Hegel, de Kant, a una mirada más práctica. Entonces comienzan mis lecturas más leninistas, digamos así, para comprender mejor lo de la gestión de lo político. Esto ya es en los años ’80 y, al acabar la carrera, regreso a Bolivia con una posición de mayor involucramiento político.

–¿Cómo influyó el conocimiento de los movimientos insurgentes centroamericanos en su evolución intelectual?

–Había dos elementos importantes: la lucha armada como modo de resolución o de conquista del poder y, en particular, el tema étnico. En Guatemala escucho por primera vez en un debate político el tema de la multiculturalidad. Aun cuando ya era un momento de reflujo, la guerrilla guatemalteca logra incorporar este elemento en el debate a partir de la presencia de los mayas. Esto para mí es en extremo novedoso. Y con esos bagajes regreso a Bolivia, y aquí intentamos (junto a Raquel Gutiérrez, su pareja de entonces) construir una estructura política principalmente obrera porque los mineros eran el eje de la política contestataria en Bolivia, e iniciamos un largo debate, que perdura en alguna medida hasta el día de hoy, contra el trotskismo y el stalinismo, representado por el Partido Obrero Revolucionario y el PC. Luego conocemos a un grupo de líderes indígenas, jóvenes todavía, que venían de las corrientes kataristas e indianistas de los ’70 que denunciaban el “colonialismo interno”.

–Ahí se va produciendo un giro hacia lo étnico-nacional.

–Iniciamos una relectura, o más bien una ampliación de nuestra mirada, desde lo obrero hacia la temática de lo nacional y lo campesino-indígena, más centrado en lo que se denomina “identidades difusas”. Ahí se inicia una etapa –hacia 1986– que se mantiene hasta hoy, de una preocupación en torno de la temática indígena y de la construcción de la nación. Dedico mi tiempo a escribir varios libros, unos polémicos, en debate contra la izquierda tradicional predominante, y otros que anticipaban trabajos con mayor abstracción. Ahí comienza una obsesión, que mantuve durante diez años, de rastrear lo que Marx había dicho sobre el tema y comenzamos a escudriñar sus cuadernos, sus textos sobre los “pueblos sin historia” del ’48, los Grundrïsses, los textos sobre la India y China, y sus cartas a Vera Zasulich, incluso sus manuscritos etnológicos y otros, inéditos sobre América latina, que están en Amsterdam. Viajamos allá a consultarlos. Algunos compañeros me reñían por esto: no veían bien que en momentos de tanta intensidad de la lucha política yo estuviera revisando archivos. Comienza una obsesión, con distintas variantes, a fin de encontrar el hilo conductor sobre esa temática indígena desde el marxismo, y creyendo que era posible que el marxismo pudiera dar cuenta de la fuerza de la dimensión, del contenido y del potencial de la demanda étnica nacional de los pueblos indígenas. Ello implicaba múltiples peleas, en textos menos académicos y más polémicos, con la izquierda boliviana para la cual no había indios sino campesinos. Se trataba de una pelea marginal porque éramos un grupo de personas que no influíamos en ninguna parte, nos dedicábamos a repartir nuestros panfletos, nuestros textitos, nuestros policopiados de 50 páginas en las marchas, en las minas. Pero ahí se inicia una polémica.

–Luego viene el intento de formar el Ejército Guerrillero Túpac Katari y la prisión.

–En los años ’85 y ’86 convergen intelectuales, jóvenes, muy jóvenes, obreros de las minas especialmente en proceso de radicalización y un conglomerado de líderes campesinos e indígenas provenientes de las filas del indianismo katarista. En esta primera etapa, toda la actividad se centra en el trabajo político en las minas, en las asambleas, en producir panfletería, crítica a las posiciones de izquierda tradicional con una consigna clara: “Va a haber una prueba de fuerza, y esa prueba va a dirimir la nueva época”. Esa prueba de fuerza fue en 1986, la Marcha por la Vida de los mineros contra el desmantelamiento de la Corporación Minera de Bolivia. Los obreros salen derrotados políticamente, ni siquiera hay necesidad de una salida militar, se desmorona el movimiento y comienza el desbande.

–¿Y esa derrota abre el camino a una orientación hacia las comunidades indígenas?

–Desde ese momento nos trasladamos con todo ese bloque de intelectuales y mineros a potenciar el trabajo en el campo junto con los indianistas. Se va construyendo un escenario más potente de autodeterminación de las nacionalidades indígenas, especialmente la aymara. Hay un fuerte énfasis en la posibilidad de una sublevación indígena, en la idea de que la emancipación indígena pasa obligatoriamente por una sublevación de comunidades. Quispe teoriza ahí sobre la guerra de los ayllus, tiene la imagen de una toma del poder mediante una sublevación de ayllus y comunidades, es decir, no se estructura un imaginario guerrillero sino un escenario de emancipación de masas. Se inicia un proceso que luego va a dar lugar al EGTK y a ejercicios de formación militar en las comunidades; primero en el Altiplano, con militantes del viejo indianismo de los ’70, luego en Potosí, en el Chapare, en Sucre. Era una dinámica fuerte.

–Luego viene la desarticulación del grupo y la cárcel. ¿Cómo se desarrolla su actividad intelectual posterior desde la prisión?

–Al saber que no iba a contar con muchos libros, que no tendría mi biblioteca disponible, decido dedicarme sólo a unos cuantos libros, a trabajarlos de un modo mucho más profundo. Continúo con parte de mis trabajos teóricos y escribo Forma valor, forma comunidad, que es una lectura enteramente dedicada a El Capital bajo la obsesión de trabajar el tema del valor de uso, el valor de cambio y de las lógicas organizativas de la modernidad para hacer un contrapunto con las lógicas organizativas del mundo andino. Fueron cinco años de encierro. Creo que es mi libro mejor logrado por el tiempo que pude dedicarle, por la paciencia que tuvimos en armar las transcripciones. Fue un curso acelerado de antropología andina, de etnohistoria andina y de economía agraria. Al salir de la cárcel, inmediatamente me incorporé a la academia, incluso retomo el tema del mundo obrero, pero desde una perspectiva más sociológica. De allí saldrán Reproletarización, sobre el mundo obrero fabril en Bolivia y sus cambios organizativos y tecnológicos, y La condición obrera, sobre la nueva minería. Las conclusiones generales son que los obreros no han desaparecido, pero ha habido una modificaciónsustancial de la estructura material de la condición obrera, de la identidad obrera y de la composición política y cultural de la clase obrera. De allí se deriva una explicación de por qué la Central Obrera Boliviana se extingue como movimiento social unificador del país. En los últimos años he desarrollado varios estudios de los movimientos sociales, incorporando teorías más modernas como las de Charles Tilly, Pierre Bourdieu y Norbert Elias.

–Usted pasó de la acción insurgente a la academia, y de ahí osciló entre los medios y la política. ¿Cómo ve el papel del intelectual en un campo universitario como el de América latina, poco institucionalizado y en medio de una nueva oleada de politización social?

–En los años ’90 se instaló la creencia de que había que separar la política de la academia o la idea de un campo académico autónomo, pero eso fue una ilusión. La promesa de un academicismo mucho más sólido, coherente, fundado en bases propias, acabó en un academicismo que servía de legitimador ideológico del proyecto político y económico neoliberal. Cuando revisas desapasionadamente la producción de los años ’90 te das cuenta de la pobreza investigativa, conceptual, de la abundancia de retórica y sentido común de una gran parte de esa producción. Creo que ahora se presenta un nuevo reto para la producción intelectual: la capacidad de construir críticamente categorías, argumentos y razones, y no simplemente panfletería política pero, a la vez, que sepa recoger estas señales y la riqueza de la sociedad, no solamente de los movimientos sociales. Ahí está el gran reto de continuar esta larga trayectoria del intelectual latinoamericano y boliviano que rompe esa falsa asepsia ideológica a lo Vargas Llosa. Sin embargo, no se requiere que frente al intelectual neoliberal cooptado por el discurso estatal surja un intelectual de los movimientos sociales que haga la apología de la acción colectiva sino un intelectual crítico con el poder existente y con las fuerzas emergentes. Parte de eso, sin duda, puede ser utilizado por los movimientos sociales y parte no; les va a doler que reflexionen sobre sus límites, y ahí está el pedazo de autonomía de la reflexión intelectual de no acallar o forzar sus reflexiones a favor de tal o cual.

–¿Es un problema ser a la vez sociólogo crítico y vicepresidente?

–No, al contrario, es una excelente combinación, porque permite analizar con una frialdad siberiana lo que está sucediendo y tus acciones. Y como vicepresidente ves algunas cosas que jamás verías desde tu gabinete de sociólogo.

–Varios medios hablan de “evismo” para referirse a este gobierno.

–El “evismo” plantea una ruptura con respecto a anteriores estrategias de lucha por el poder, es un proyecto de autorrepresentación de los movimientos sociales, de la sociedad plebeya. Es un nuevo horizonte que no nace de la teoría sino que se va implementando en la práctica y puede aportar una interesante veta de análisis a las corrientes neomarxistas. Un segundo elemento que podría definir al “evismo” es un indianismo flexible capaz de convocar a los sectores no indígenas, mestizos, sectores medios urbanos. En términos didácticos podríamos decir que la Revolución Nacional de 1952 despierta al indio a la ciudadanía, pero trata de diluirlo en el mestizaje y le bloquea las posibilidades de desarrollo político. Cincuenta años después, el indio se postula como un sujeto político autónomo que propone un nacionalismo expansivo, una nación con “unidad en la diversidad” como lo ha repetido tantas veces Evo Morales. La experiencia que estamos viviendo en Bolivia replantea todo el debate sobre la lucha por el poder, incluso las propuestas de Antonio Negri. ¿Qué es un gobierno de los movimientos sociales? ¿Es posible? ¿Cómo se operará la relación entre lo político y lo social?

–Usted habló de capitalismo andino.

–Con esa expresión, más bien teórica, hice referencia a que las estructuras materiales de las rebeliones sociales desde el 2000 son las pequeñas economías familiares, tanto en el campo como en la ciudad. Son los pequeños productores los que se han rebelado: campesinos, cocaleros, artesanos, microempresarios, cooperativistas mineros. Y no va a haber revolución socialista en una nación de pequeños productores. El “evismo” visualiza estas múltiples modernidades, el pequeño campesino del Altiplano no va a ser un farmer, pero puede tener tractores o Internet. Siempre lo moderno subsumía lo tradicional, ahora pensamos en una articulación diferente y no subordinada entre estas dos plataformas que van a perdurar en los próximos 50 o 100 años. No estamos pensando en el socialismo para el futuro próximo sino en una profunda revolución democrática descolonizadora.

Publikaciones 7:55
Diario Marcos

Subcomandante Marcos
La otra campaña

Hace ya tiempo, la madrugada tapatía encontró a Elías Contreras, comisión de investigación del EZLN, sentado en una de las bancas del parque que está frente a la catedral que impone su doble poder, el simbólico y el real, a la ciudad de Guadalajara. Elías Contreras había llegado a esta ciudad para encontrarse con el Ruso en su puesto de tortas salvadas y, después, con el chino Feng Chu en los baños públicos de la Mutualista, cuando estaba metido en lo de resolver aquel desconocido caso del Mal y el Malo.

Para quien no lo sepa, Elías Contreras era un compañero base de apoyo del EZLN, veterano de guerra, que apoyaba a la Comandancia General del EZLN en labores de lo que ustedes llaman “de detective” y nosotros llamamos “de comisión de investigación”.

Pero, antes de las desconcertantes tortas del Ruso y de la parquedad del Chino , Elías Contreras había estado sentado en uno de los parques del centro de esta ciudad de Guadalajara, garabateando en su libreta dibujos, frases sueltas, párrafos completos y líneas imprecisas, mientras esperaba que el sol manchara la pared oriente de la catedral.

Yo no sabía de la existencia de esa especie de bitácora de vuelo o diario de campaña en el que, paradójicamente, Elías Contreras no escribió nada que se refiriera directamente al caso aquel en el que el amor, ese otro amor, le llegó como llega de por sí el amor, es decir, por donde menos lo espera uno; en su caso, acompañado del desconcierto y el miedo que suelen acompañar el encuentro con lo otro. El amor que se le fue por donde uno teme siempre que se vaya: por la irremediable ruta de la muerte. Porque, tal vez alguien lo recuerde, La Magdalena cayó peleando de nuestro lado, el zapatista, contra el Mal y el Malo. Y era nuestra compañera por partida doble: porque eligió ser mujer y porque escogió serlo con nosotros. Pero es otra historia que tal vez encontremos en otra parte.

Elías Contreras nunca dijo que se hubiera enamorado de La Magdalena, el o la travesti que le salvó la vida en las calles de la Ciudad de México y que lo acompañó en la persecución del tal Morales. Nunca lo expresó abiertamente, es cierto; pero uno que aprende a escuchar palabras, silencios, gestos y maneras, sabe también encontrar secretos de los que ni siquiera se sospecha su existencia. Y Elías Contreras, comisión de investigación del EZLN, hablaba de La Magdalena callándola, como si las palabras fueran a lastimarla. Creo, es algo que se me ocurre ahora, que Elías Contreras no era correspondido en los mismos sentimientos que abrigaba por La Magdalena, y que eso, de alguna forma, le alivió del desbarajuste que esa emoción le provocaba.
Pero del oculto amor del ahora finado Elías Contreras por La Magdalena y de lo que en él había en su libreta de apuntes, tal vez les cuente en otra ocasión. O tal vez no les cuente nunca, porque hay personas que no sólo dejan, como peso, el manifiesto de su muerte; también nos dejan los secretos de su vida.
Ahora quiero contarles de algunas partes del cuaderno que cargaba Elías Contreras. No pocas veces la madrugada nos encontró parados frente al fogón de su cocina y, cuando los silencios de uno y otro se alargaban lo suficiente, Elías sacaba de su morraleta la ajada libreta y me la pasaba sin mirarme o decirme algo siquiera.

Yo me asomaba a ella como un intruso torpe. Bastaba darle una mirada rápida para darse cuenta que sólo el autor podría descifrar lo que ahí estaba escrito o dibujado. Como si se tratara de un rompecabezas cuya figura total ignoran todos, menos quien diseñó las piezas.

A veces leía yo en voz alta alguna frase y él, Elías Contreras, empezaba a armar las piezas. Como hablando para sí mismo, rehacía una anécdota o un argumento.
Estaba, por ejemplo, esa sencilla y concisa ética del guerrero que, en trazos casi ilegibles, debe haber copiado Elías Contreras de algún lado:

1.- El guerrero debe ponerse siempre al servicio de una causa noble.
2.- El guerrero debe estar siempre dispuesto a aprender y hacerlo.
3.- El guerrero debe respetar a sus ancestros y cuidar su memoria.
4.- El guerrero debe existir para el bien de la humanidad, para eso vive, para eso muere.
5.- El guerrero debe cultivar las ciencias y las artes y, con ellas, ser también el guardián de su pueblo.
6.- El guerrero debe dedicarse por igual a las cosas grandes y a las pequeñas.
7.- El guerrero debe ver hacia delante, imaginar el todo ya completo y terminado.

No una madrugada, sino una tarde, viendo como el sol saltaba de una nube a otra hasta esconderse tras la montaña, con su cuaderno en mis manos, le leí a Elías Contreras las siguientes frases, escritas por él mismo,:

“La resistencia es detener el destino que impone el de arriba, justo el tiempo preciso para hacer la fuerza necesaria y destruir entonces esa desgracia y a quien nos la procura”.

Al escucharla, Elías Contreras dijo “ Guadalajara, cuando el Ruso y el Chino ”. Y acto seguido me contó que escribió ese su pensamiento en la madrugada de espera en el centro de la llamada “Perla de Occidente”.

Después seguía otra frase. La leí en voz alta:

“ A los cabezas grandes que se venden al dinero les falta la inteligencia, como les faltan el coraje, la vergüenza y el buen modo. Como dicen los ciudadanos: son mediocres, cobardes, imbéciles y maleducados ”.

Allá arriba, me dijo Elías Contreras mirando hacia abajo con rencor, no sólo se inventan una religión donde vale el que tiene y no el que es. También hacen unos como sus sacerdotes que escriben y predican la doctrina del poderoso entre los de arriba y entre los de abajo. Pero son como sacerdotes pero también como policías y vigiladores de que nos portemos bien, que sea que nos aceptemos la explotación y estemos como mansitos, con la cabeza diciendo “sí” o “no” según la orden. Que sea que el poderoso te chinga también con el pensamiento. Y esos sacerdotes del pensamiento de los de arriba son los cabezas grandes que se venden al dinero.”

- ¿Los intelectuales de arriba? -, pregunté.

- Ésos -, dijo Elías Contreras, comisión de investigación del EZLN, y, sentado en un tronco, viendo hacia occidente, repitió para mí el argumento que construyó aquí en Guadalajara, cuando le seguía la pista al Mal y al Malo, en esa todavía inconclusa tarea de nosotros, los llamados neozapatistas.
De ese argumento, que Elías Contreras me expuso en tzeltal y que, por lo tanto, tiene palabras para las que no hay equivalentes en los diccionarios de los idiomas dominantes y dominadores, saqué los siguientes apuntes:

LOS INTELECTUALES DE ARRIBA.

Si las policías y los ejércitos son los comisarios del buen comportamiento del ciudadano frente al despojo, la explotación y el racismo, ¿quién cuida del buen comportamiento en la reflexión intelectual, en el análisis teórico?
Si el sistema jurídico que viste de “racional y humana” la violenta imposición del capital tiene jueces, vigilantes, policías y cárceles, ¿cuáles son sus equivalentes en la cultura en México, en la investigación y la academia, en la producción teórica, el análisis y el debate de ideas?

Respuesta: los intelectuales que arriba dicen qué es ciencia y qué no lo es, qué es serio y qué no lo es, qué es debate y qué no lo es, qué es verdadero y qué es falso, en suma: qué es inteligente y qué no lo es.

El capitalismo no sólo recluta a sus intelectuales en la academia y en la cultura, también “fabrica” sus cajas de resonancia y les asigna sus territorios. Pero lo común a ellos y ellas está en su fundamento: simular humanismo donde sólo hay sed de ganancias, presentar al capital como síntesis del devenir histórico, y ofrecer la comodidad de la complicidad por la vía de las becas, el pago de publicidad y la interlocución privilegiada. No hay una diferencia apreciable entre un libro de superación personal y las revistas “Letras Libres”, “Nexos”, “¿Quién?” y “TV y Novelas”. Ni en la redacción, ni en el precio ni en el lugar que ocupan en los Sanborns de Carlos Slim Helú, si acaso en que se venden y leen más las dos últimas. ¿En el contenido? Todas ofrecen el espejo imposible a los que arriba son los que son.

LOS INTELECTUALES DE EN MEDIO.

Igual que en el imposible centro de la imposible geometría del Poder, en las frágiles torres de cristal de la “neutralidad” y la “objetividad” están los intelectuales que navegan dirigiendo discretas o descaradas coqueterías al sistema, sin importar el color de quien detente el poder político.

Mirando hacia arriba, estos intelectuales responden a la pregunta explícita o implícita con la que arranca su quehacer: “¿Desde dónde?”. Y en esta pregunta se anudan las otras preguntas: “¿Por qué?”, “¿Con quién?”, “¿Contra quién?”
Desde la antesala del Poder, haciendo méritos en la corte del mandarín de moda sexenal, estos intelectuales no están en medio, sino en tránsito hacia arriba. Se ponen a disposición, con la herramienta del análisis y el debate teóricos, en las banquetas del poder político y económico de México, con un letrero que reza: “Se hacen discursos. Se justifican programas gubernamentales. Se asesoran empresarios. Se hacen publicaciones al gusto. Se amenizan fiestas, reuniones de accionistas y gabinetes”.

Junto a estos intelectuales están los que, lenta o rápidamente, declinaron sus principios, claudicaron y buscan desesperadamente una coartada que los salve frente al espejo. Son los intelectuales prudentes, maduros y sensatos que han depuesto las armas de la crítica con las caricias de quienes visten de izquierda su quehacer de derecha.

Pero no deja de ser desconcertante la posición deshonesta de estos intelectuales afectos al sistema. La pobre coartada del cambio pausado, racional y responsable, no alcanza a santificar la cueva de ladrones que es la autodenominada izquierda electoral. Se visten con la frágil fugacidad de los medios de comunicación, y con ella disfrazan no sólo sus inconsecuencias, también su renuncia a todo ejercicio de análisis crítico de la clase política. Acosados por los fantasmas que sus prudencias crearon, ratifican un profundo desprecio por la inteligencia.

Y los hay quienes se dicen de izquierda radical y hasta zapatistas (seguramente del mismo modo en que Guajardo se dijo zapatista). Desde la comodidad de la academia se erigen en los nuevos jueces, los neo comisarios de las buenas maneras en el debate sobre lo que realmente significa el irresistible ascenso de AMLO en la modernidad democrática, es decir, en las encuestas.
Son quienes dicen que toda crítica a la clase política es promover el abstencionismo y, con una lógica tomista, que con eso se favorece a la derecha. Los que seleccionan y editan la realidad nacional para presentar lo impresentable. Los que guardan silencio ante el trato que el presidente municipal de Tulancingo, Hidalgo, de filiación perredista, otorga a indígenas y personas de la tercera edad; ante el brinco frenético del PAN y del PRI a los brazos abiertos del PRD en cualquier punto de la geografía nacional; ante el nepotismo de los cabildos perredistas en Tabasco; ante la venta de su franquicia al cacique en turno de cualquier estado; ante la aprobación de leyes de destrucción neoliberal por las bancadas del sol azteca; ante la sospechosa similitud de nombres y apellidos de las listas de candidaturas perredistas con las de antaño del PRI y el PAN.

Son los mismos que quieren que nos traguemos la piedra de molino de que hay que sostener el proyecto macroeconómico, al mismo tiempo que se cambia la macropolítica.

Son los mismos que venden la ilustrada resignación a domicilio: el cada vez menos malo es la única opción… cómoda.

Son los mismos que dicen sin empacho que el gobierno protege la Otra Campaña para que ataque a López Obrador, mientras las diversas policías fotografían, vigilan y hostigan a l@s integrantes de la Karavana, a las coordinadoras estatales, regionales y locales. Los mismos que sienten un profundo desprecio por sus lectores y que, sin vergüenza alguna, un día les dicen que Rosario Robles es una heroína y al otro si te vi ni me acuerdo.

Son los mismos que descalificaron a los jóvenes estudiantes del CGH, que en 1999-2000 lograron con su movimiento, contra todo, mantener a la UNAM como universidad pública y gratuita; los mismos que aplaudieron en silencio la represión a los jóvenes altermundistas en esa vergüenza del calendario de Jalisco que es el 28 de de mayo de 2004.

Son los mismos que suspiran con deleite por los segundos pisos, el tren bala, el proyecto transístmico, las co-inversiones en PEMEX y la industria eléctrica, la entrada de México al circuito de béisbol de ligas mayores, los conciertos en el Zócalo de la Ciudad de México, el privilegio de la interlocución con las autoridades.

¡Ah! ¡Por fin una escenografía de nivel, o sea de segundo piso, para no ver o fingir no ver a l@s de abajo, l@s provocador@s, l@s acelerad@s, l@s aretud@s, l@s pelos parados, l@s revoltos@s, l@s nac@s, l@s maldit@s, l@s de abajo.
¿A quién le importa que sean los mismos en la política de arriba y que sea el mismo programa “macroeconómico” de antes? ¿Quién se fija en esas minucias? ¿Quién se preocupa porque ese programa represente la continuación y profundización de la destrucción de la Nación mexicana?
Son los mismos que ofertan la calamidad de no conformarse con lo que hay, mano, tampoco hay que ponerse muy exigentes, mano, porque si Madrazo o si Calderón, si el PRI o el PAN, a ver, ¿qué dirán las naciones extranjeras? Lo de los grandes inversionistas, mano, bueno pues ésos ya entendieron, ahora falta que entiendan, o sea que obedezcan, los de abajo. Pero ya está amarrado todo, mano, es la nuestra, mano. Ahora sí se nos hizo. Una asesoría, viajes, comidas, codearse con los meros meros.

Son lo que cargan sus agujereadas cubetas de agua para enfrentar la promesa escrita en Guanajuato: “aún hay muchas alhóndigas por incendiar”. Son los de la piel frágil que se resquebraja ante el primer señalamiento crítico y se desgañitan repartiendo etiquetas de “intolerantes”, “estalinistas”, “ultras”, “trasnochados”, “inmaduros”.

Los intelectuales de en medio… Donde la Otra dice “despierten”, estos intelectuales dicen, suplican, ruegan, imploran: “sigan dormidos”.
L@S OTR@S INTELECTUALES.

Desde abajo y desde la izquierda, un movimiento que se construye a sí mismo, la Otra, construye también nuevas realidades. Los neozapatistas pensamos que estas nuevas realidades que ya surgen, y que irán apareciendo más adelante, necesitan otra reflexión teórica, otro debate de ideas.

Esto requiere de l@s otr@s intelectuales, primero, la humildad de reconocer que se está frente a algo nuevo; y, segundo, integrarse, hacer suya la Otra, en ella conocerse y conocer al indígena, al obrero, al campesino, al joven, a la mujer, al niño, al anciano, al maestro, al estudiante, al empleado, al homosexual, lesbiana y transgénero, a la trabajadora y trabajador sexual, al ambulante, al pequeño comerciante, al cristiano de base, al trabajador de la calle, al otro, a la otra.

Nosotros pensamos que deberían participar directamente en las reuniones de adherentes en sus estados y, además, escuchar todo lo que dicen tod@s l@s adherentes en todo el país. Gracias a los medios alternativos, los otros medios, es posible seguir de cerca esta hermosa lección de historia nacional contemporánea. En su medio y con su modo, l@s otr@s intelectuales seguramente producirán análisis y debates teóricos que asombrarán al mundo.
Como zapatistas pensamos que la Otra campaña puede decir con orgullo que se merece a l@s mejores intelectuales de este país que forman parte de ella; ahora que ellas y ellos, con su quehacer propio, digan si se merecen a la Otra Campaña.

LA PALABRA QUE FALTA.

En el viejo y ajado cuaderno de apuntes de Elías Contreras, comisión de investigación del EZLN, hay una hoja suelta, cuidadosamente doblada, donde se lee:

Hay piedras que aún callan. Cuando hablen los secretos que guardan, ya nada será igual, pero, es seguro, será mejor para todos. Valdrá el ser y no el tener. Otra mano levantará la bandera y el mundo olerá, se oirá, sabrá y se sentirá como lo que debe ser: la digna casa de quienes lo trabajan.
OTRA VELA PARA SOMBRA.

Madrugada. Arriba la luna sigue en su deslavado desnudarse de la luz azul que la viste. La oscuridad le perdona la cicatrices y le ofrece, generosa, otro velo para su impudicia. Abajo la sombra se acurruca en el último rincón de su desvelo.

Eso que se levanta, ¿es un viento o un puente buscando lejos la otra orilla para acabar de tenderse?

Un suspiro, tal vez.

Y otra vez la duermevela y sus ilusiones: una serpentina suspirada y liada en un cuello ausente, el ansia levantándose y hundiéndose en el bajo vientre, el leve respirar de la sombra en el oído de la noche, el deseo vistiendo la morena luz de la penumbra, un beso largo y húmedo en los otros labios, la mano escribiendo una carta que nunca llegará a su destino:

Daría lo que fuera por enredarme entre sus piernas, por confundir nuestras humedades, por desgastarme en la luna hendida de sus caderas. Daría lo que fuera, menos dejar de hacer lo que es mi deber hacer.

Amanece.

El sol empieza a ayudar a las casas y edificios en su lánguido inclinarse a occidente.

El otro Jalisco afila la palabra y afina el oído.

Afuera preguntan:

“¿Listo?”.

Adentro la sombra dobla con cuidado el ansia, la pone en el bolsillo izquierdo de la camisa, cerca del corazón, y responde:

“Siempre”.

Desde la Otra Guadalajara. Subcomandante Insurgente Marcos. México, Marzo del 2006.

Publikaciones16/4/06 15:36
God's cigar

El pasado mes de junio, cuando menos lo esperaba, vi a Dios, lo cual es algo que no suele sucederle a gente descreída como yo. Pero es que Cuba es el país de los milagros. Me encontraba en La Habana invitado por el ICAIC para asistir al IV Congreso Internacional Cultura y Desarrollo. Aquel día, después de almorzar, presenté mi ponencia sentado algo nervioso entre dos grandes figuras, Danny Glover y el brasileño Roberto Amaral. Al terminar, ya más tranquilo, desbordaba de alegría, pues a pesar de mis temores al tener que compartir tribuna con personajes ilustres, el público fue muy receptivo a mis palabras. ¡Uf!

A media tarde recibí una nota en mi habitación, que decía así: «El comandante Fidel Castro lo invita esta tarde a reunirse con él. A las 19:30 pasaremos a recogerlo junto a los demás compañeros en la puerta del hotel.»

Desde ahora mismo le confieso al lector que vivo ajeno a la fauna de quienes ejercen cargos públicos en cualquier administración, ya sea en mi país o en el extranjero. Pero hay políticos y políticos, qué carajo.

Dicen que los caribeños son poco serios en esto de la puntualidad, mas doy fe de que a las 19:30 el autocar avanzaba por las calles de la capital cubana con un cargamento multinacional de escritores, periodistas, académicos, politólogos y faranduleros culturales, que alborotaban como niños ante la inminencia del encuentro. La espera fue breve en la antesala del palacio que hay tras la Plaza de la Revolución. Y, de repente, mientras admirábamos los bustos en bronce de Lenin y Martí que allí se encuentran, se apareció Dios. La realidad suele ser más prosaica que la ficción, pues no hubo relámpagos ni ruido de truenos ni él resplandecía con el aura de luz que recuerdo en las estampas de mis libros infantiles de Historia Sagrada. Adoptó más bien el aspecto de un hombre normal, barbudo, eso sí, y con dos ojos, no uno solo que ve todas las cosas desde el interior de un triángulo. Pero era Dios, lo juro. Iba vestido de caqui y andaba tieso como esos postes de la electricidad que bordean los caminos. Y sonreía. Nos estrechó la mano (¡toqué a Dios!) y luego pasamos a un gran salón, que reconocí por haberlo visto en la película Comandante de Oliver Stone.

La audiencia fue larga. Yo no esperaba menos de una ocasión como aquella. Dios hablaba, y hablaba, y hablaba. Nosotros también, pero menos. Es un abuelo afable, reidor, culto, de exquisita educación, inteligente hasta la desmesura, amantísimo del género humano y, sobre todo, solidario. Nos contó sus múltiples batallas, pero no las de los viejos tiempos de David y Goliat, sino las recientes, que siguen obedeciendo a la misma causa porque, hoy como ayer, se libran entre unos pocos poseedores y muchos desposeídos, que decidieron resistir. Yo ya las conocía de mis lecturas, aunque siempre suenan mejor en los labios de un personaje principal. Eisenhower, Nixon, Che Guevara, Kennedy, Kruschev, Allende, Reagan, los Bush… cobraron vida en la bellísima inflexión de sus palabras, pronunciadas con una lucidez que ya quisiéramos los pobres humanos. Más tarde, a medianoche, cenamos. Nada de lujos, filete de salmón, ensalada y algún otro plato que no recuerdo. Helado de postre, café y copa de ron. Y, para remate, Dios nos dio un habano a cada uno de los asistentes. Era un cigarro puro majestuoso, de casi 20 cm, y en su vitola de tonos negros, amarillos y dorados se leía: «COHIBA, Habana, Cuba». Nunca adquirí el hábito de fumar y ni se me pasó por la cabeza la idea de convertirlo en cenizas. Carlos Tena y Gennaro Carotenuto, junto a mí, también lo pusieron a buen recaudo. En cambio, el argentino Atilio Borón, que estaba a un paso, lo encendió sin dudarlo, pero es que a él Dios le regala habanos con asiduidad y ya se sabe que las reliquias, cuando son muchas y hay confianza, pierden valor.

Nos hicimos una foto de grupo y me las arreglé para estar detrás de Dios, a su izquierda, porque el otro flanco me da urticaria. Después, nos despidió no sin antes invitarnos para una próxima ocasión, tan fresco como si acabara de levantarse tras una noche reparadora. Lo vimos desaparecer al fondo del pasillo con paso ágil de salsero. Se diría que ni los años ni la artrosis le dejan huella, deben ser las cosas de la divinidad. Tampoco entonces percibí relámpagos ni truenos ni aura de luz a su alrededor (maldito cine de Hollywood, que siempre nos engaña con sus efectos especiales). Eran las tres de la mañana.

Dos días más tarde regresé a Europa. Dentro de mi bolsa de mano, enrollado en unas páginas del Granma, guardaba como un trofeo el habano de Dios. El vuelo es largo y llegué exhausto, con muchas ganas de meterme en la cama. Pero antes, en el jardín de la entradita, no pude resistir la tentación de desenrollar el tesoro para enseñárselo con orgullo a mi vecino. Dormí a pierna suelta mientras afuera llovía sin parar. Tras el desayuno, empecé a sacar los enseres del equipaje con el fin de colocarlos en su sitio. El habano de Dios no estaba entre las hojas del periódico. Sentí pánico, pues se me vino a la mente como un fogonazo lo que había ocurrido. En efecto, se hallaba sobre la hierba, empapado en agua y mucho menos airoso que cuando lo recibí.

Han transcurrido cinco meses y, gracias a mis cuidados, el habano de Dios recuperó sólo en parte su galanura. Pero qué más da. Derek Walcott dijo una vez que cuando rompemos una vasija el amor que reúne los fragmentos es más fuerte que el amor que dio por sentada su simetría anterior. Voy a conservarlo así el resto de mi vida y únicamente lo fumaré cuando me reúna al fin con Dios en el cielo de don Karl.

Manuel Talens es escritor español (www.manueltalens.com)

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